De la guerra sucia al corporativismo militar  

“El capitalismo salvaje entrega sin necesidad de palabras su apotegma: “la impunidad es la impunidad”, apotegma que santifica la ilegalidad, el castigo de los inocentes, y la burla a los amagos de la opinión pública.” 

Carlos Monsivais

 

La lucha de clases en nuestro país ha generado diversas confrontaciones ideológicas y políticas que anteceden y explican el devenir neoliberal del México contemporáneo. Previo a la caída del Muro de Berlín, un proyecto de izquierda internacionalista, avivado por la revolución cubana y la llegada del proyecto socialista de Salvador Allende en Chile, aun combatía enérgicamente a la hegemonía capitalista en México.

1973 es el año en que el proyecto neoliberal se empieza a instrumentar en Latinoamérica, tras el golpe de Estado en Chile y el asesinato de Allende promovido por Estados Unidos, la dictadura militar pinochetista instituye un proyecto tecnócrata defensor del libre mercado y del desmantelamiento de lo público, liderado por un puñado de economistas educados en Norteamérica: los denominados Chicago Boys. Mientras tanto, en México, la explotación sistémica por parte de la burguesía nacional a la clase trabajadora, se hacía palpable en su renuencia a mejorar las relaciones de producción para los trabajadores, a la par de la opresión del Estado, quién en la Guerra Sucia (1968-1978) eliminó a sectores críticos de orientación socialista, a través del uso de militares y paramilitares. Dichos eventos llevan al hartazgo a la izquierda organizada, de la cual surge la organización político-militar conocida como Liga comunista 23 de Septiembre, que buscaba la directriz ideológica de la lucha revolucionaria por medio de la implementación de un partido con el cual contribuir a la conformación de un sistema comunista internacional. Para subsidiar al movimiento y negociar la liberación de presos políticos, la Liga secuestraba a funcionarios y empresarios de alto nivel. Unos días después del golpe de Estado en Chile, un intento de secuestro fallido por parte de una célula de la Liga, conlleva a la muerte de Eugenio Garza Sada, uno de los empresarios más influyentes en la industria nacional, líder del complejo Valores Industriales S.A. de C.V.  (contenedor de Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma) y fundador del proyecto educativo privado de la clase empresarial regiomontana: el Tecnológico de Monterrey.

Debido a la muerte del magnate, un caudal de industriales y empresarios de todo el país, iniciaron una campaña para denunciar que nunca se había visto la empresa privada tan amenazada, ni se había puesto en duda la razón de la misma, pugnaron por que el sector privado vendiera una imagen adecuada de sí misma y tuviera una agenda política con incidencia institucional, ello con el fin de ejercer presión y cabildeo dentro de las políticas públicas. Dicha consigna fue inmortalizada por las palabras del abogado patronal Margáin Zozaya, al son de: “Ya sabemos que quienes asesinaron a Don Eugenio, deben ser castigados. Pero también deben ser castigados quienes armaron sus manos y envenenaron sus mentes, señaló a: <<esa serie de declaraciones que desde hace tiempo vienen haciendo los funcionarios del gobierno, que no desaprovechan la ocasión para atacar la iniciativa privada.>> dichas palabras fueron coreadas por empresarios en las principales ciudades del país, y utilizadas como argumento del sector privado para demorar la fijación de  nuevos salarios mínimos.” [1]

Bajo este impulso, y con ese discurso, es que en 1975  “nace como organización el Consejo Coordinador Empresarial, principal sostén mexicano del neoliberalismo“[2], que se asume como un «órgano representativo de empresarios que trabaja para impulsar el libre mercado»[3] y promover sus intereses dentro del poder estatal, esto mediante la asociación de siete organizaciones, a saber:  Confederación de Cámaras Industriales, Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros, Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo, Confederación Patronal de la República Mexicana, Asociación de Bancos de México y Consejo Mexicano de Hombres de Negocios. Dichas organizaciones han pugnando históricamente por la no intervención del Estado, generando un ataque sistemático a las políticas públicas de orientación social y favoreciendo la privatización de empresas paraestatales, anteponiendo así, los intereses del mercado, y específicamente sus intereses económicos, frente a la administración pública y, por ende, sobre la población. Un ejemplo de ello sucedió cuando: En el periodo de Ernesto Zedillo “Después de enfrentar diversas dificultades jurídicas, legislativas y políticas, el Estado logra convertir los pasivos del Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa) —resultantes del rescate bancario de 1995— en deuda pública y con ello concreta la nacionalización privatizante del sector bancario”[4] En dicho contexto, la Asociación de Bancos Mexicanos, jugó un papel crucial, al grado de producir propaganda reclamando a la población el rescate bancario, el cual degeneró en operaciones fraudulentas a favor de los banqueros, que hasta la fecha seguimos debiendo.

Más de 40 años después de la muerte de Eugenio Garza Sada y de la fundación del Consejo Coordinador Empresarial, y a seis sexenios de la implementación del neoliberalismo mexicano, queda claro que: “Las reformas neoliberales orientadas hacia la desregulación financiera, no se han visto acompañadas de una mayor autonomía del Estado respecto de los grupos de interés, puesto que bajo el neoliberalismo han aparecido nuevas coaliciones rentistas y grupos de interés articulados alrededor de renovados compromisos políticos.” [5] El entramado neoliberal que ha llevado a la corporativización del Estado mexicano es evidente en los múltiples convenios que éste celebra con distintas corporaciones del país, un sometimiento de lo  público frente a lo privado que va desde acuerdos entre SEDESOL y la CONCANACO, Nestlé y PEPSI, hasta de las Fuerzas Armadas con empresas como Soriana y OXXO. [6] Dichos acuerdos revelan las tendencias dominantes, las estructuras de poder que nos rigen y  el intrincado entramado de ingeniería social que conforma el statu quo del México contemporáneo.

Botón de muestra de lo anterior es el convenio firmado el 10 de Mayo de 2013  entre el  Instituto del Seguro Social de las Fuerzas Armadas Mexicanas (subdependencia de la SEDENA)  y OXXO, el cual se establece con el fin de promover el empleo entre los militares retirados, dejando en claro que el mayor proveedor de empleos y quien determina las condiciones de los mismos, es el sector empresarial, a tal grado que la Secretaría consentida de esta administración (y la anterior) se deja acoger por los brazos rojiamarillos de OXXO, hasta colocarse a su servicio y ser un soldado más de las fuerzas corporativistas nacionales. Con el proyecto Convenio Don Eugenio Garza Sada proponemos hacer una revisión histórica del antagonismo de clase en México y de la relación entre cúpulas empresariales y gobierno: si en su momento el asesinato de Eugenio Garza Sada, a manos de una célula de la Liga 23 de Septiembre, fue considerada como una evidencia del peligro del comunismo que reforzó la desaparición de militantes de izquierda y simpatizantes en La Guerra Sucia, entendemos el convenio referido como una consecuencia del reacomodo de fuerzas generado por la contrainsurgencia paramilitar que impulsó el gobierno de manera clandestina y el corporativismo pro-libre mercado fomentado por la clase empresarial de manera institucional.

A todo esto, cabe mencionar que la presencia militar en México, a diferencia del resto de Latinoamérica, no ha tenido una dictadura abierta, aún cuando su participación ha sido clave para mantener al país en una guerra de baja intensidad,  asesinar, torturar y reprimir a la población a lo largo de la historia: en 1958 en el contexto de la huelga ferrocarrilera, en 1968 en la masacre estudiantil del 2 de octubre, en 1971 en el llamado halconazo, en 1994 en el enfrentamiento con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en el estado de Chiapas; en 1995 fue responsable de la masacre de Aguas Blancas, en 1997 de la de Acteal y en 2014 de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, sólo por mencionar algunos ejemplos. Sin embargo, si antes se hablaba de la dictadura perfecta de un régimen autoritario  controlado por un partido hegemónico, con el empoderamiento del ejército, desde Felipe Calderón a la fecha, el PRIAN, refugiado en las fuerzas armadas, nos acerca cada vez más a la posibilidad de una dictadura militar, esto debido a los,  cada vez más,  enérgicos intentos por legislar un estado de excepción que faculte al ejército para volcarse a las calles e intervenir en materia de seguridad pública, el año pasado a través de la Ley Castrense y en este vía la Ley de Seguridad interior. Desde el 2016 la militarización del país  ha sido impulsada   por el Consejo Coordinador Empresarial, quien ha reprobado al Congreso la demora de la aprobación de la Ley de Seguridad Interior, bajo el argumento de “salvaguardar la continuidad de las instituciones, así como el desarrollo nacional mediante el mantenimiento del Estado de Derecho y la gobernabilidad democrática.”[7]

Y es que a unas semanas de que se den por concluidas las discusiones sobre la Ley de Seguridad Interior, cabe recalcar el papel que juega el corporativismo e intereses privados dentro de los asuntos que competen al gobierno, en este caso, el de la defensa nacional. Si en los setentas la guerra sucia tenía como objetivo disolver a la oposición política e ideológica, hoy en día: ¿Bajo qué argumento hemos interiorizado la estigmatización de la izquierda naturalizándonos al discurso hegemónico que pone al ejército a merced de los intereses corporativistas?¿En qué momento nos tragamos el discurso de derechas sobre el peligro del populismo, para deslegitimar la defensa de lo público? Si los convenios entre corporativos y dependencias estatales, institucionalizan estructuras jurídicas que ponen el mando del país a merced de unas minorías ¿En qué medida en remover estas estructuras está la posibilidad de combatir el orden neoliberal mexicano, más allá de la autogestión a nivel local o del resultado electoral del 2018? Si el asesinato de Eugenio Garza Sada fue en su momento un argumento oportunista de parte de la clase empresarial para vestirse de autoridad moral, e impulsar un proyecto nacional pro libre mercado ¿Hasta qué grado el corporativismo previene hoy en día la conformación de un proyecto nacional popular, al promover la presencia de las fuerzas armadas, como lo demanda la Ley de Seguridad Interior? ¿Bajo qué argumento permitimos, clases medias y bajas,  un modelo que empodera a las élites y promueve la desigualdad  dejando a las mayorías sin derechos laborales ni seguridad social? ¿Somos lo suficientemente ingenuos como para caer en el engaño de una clase empresarial que urge la militarización del país bajo el argumento de dar atención a víctimas de desaparición forzada y promover la gobernabilidad democrática?

 

[1] “Los movimientos armados en México 1917-1994”, El Universal, México, 1994.

[2] Carmona Dávila, Doralicia, “México 2013. Los vuelcos de la historia. Del nacionalismo revolucionario al neoliberalismo”, en : http://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S2007-25382014000100010&script=sci_arttext (consultada el 30 de marzo de 2017)

[3] http://www.cce.org.mx/, (consultada el 30 de marzo de 2017)

[4] Sandoval, Eréndira, “Intervencionismo neoliberal y desregulación financiera: evolución institucional del sector bancario en México”, en; http://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S0188 25032005000300005&script=sci_arttext (consultada el 30 de marzo de 2017)

[5] ibídem, (consultada el 30 de marzo de 2017)

[6] https://www.gob.mx/, (consultada el 31 de marzo de 2017)

[7] Cruz Vargas, Juan Carlos, “Reprocha CCE a legisladores dejar fuera de agenda la seguridad pública”, en:  http://www.proceso.com.mx/466076/reprocha-cce-a-legisladores-dejar-agenda-la-seguridad-publica (consultada el 31 de marzo de 2017)


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Período de Documentación 2017-2018. LOS MEDIOS INESTABLES DEL ARTE EN LA HIPÉRBOLE NEOLIBERAL

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Es un proyecto colaborativo a través del cual se enuncia posicionamiento. Su cuerpo de trabajo involucra la producción de contenido en distintos medios de distribución, su postura crítica hace un analísis al contexto político e ideológico y su reverberación en el arte. Han escrito en distintas plataformas como Blogdecritica.com , La tempestad, Revista Caín entre otras...

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