I love anyone —at least a little— who touches me.

Anyone who touches me gives me something in that instant: my body.

—Susan Sontag, Journals (1964-1980).

¿Qué podemos decir cuando hablamos de performance? Un primer momento podría tratarse de establecer que es una práctica que ha permanecido bajo la legitimidad de lo así llamado “arte”, una disciplina que en palabras de Dominique Chateau, hablando sobre la noción del arte posmodernista, “se escapa a todo criterio clasificatorio pues es indistinguible de las no-obras de arte” (2005). Un punto de partida así resulta impreciso, pues ahí donde se pierde el rastro del objeto para dar parte al cuerpo, también se manifiesta la revuelta, el poner en jaque conceptos, modos de representación, y consensos. Hablar de performance en tan breve espacio es complicado, sí, pero abundan referencias para apurar su correspondencia con el estar-en-físico, el cuerpo es protagonista y tejedor de relaciones con el otro, ya sean de inclusión o alejamiento.

Lea Vergine sugiere que recurrir al cuerpo para construir un lenguaje, a pesar de la multiplicidad cultural y las dimensiones del bagaje de los artistas, tiene ciertas características comunes que no pueden encontrarse en otras formas de representación, como: “la pérdida de la identidad personal, el rechazo a que el sentido de la vida invada y controle la esfera emocional, y una rebelión romántica contra la dependencia tanto de los objetos como de las personas”, tratamos con una necesidad “amorosa”, la de llenar la ausencia mítica de un bien primordial e inasequible que llena estas prácticas de furor: “exhibirse para existir”, apunta Vergine (2000).

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Al seguir la cronología del performance es forzoso volver la mirada a la obra de personajes como Shirin Neshat, Janieta Eyere, Orlan o Ron Athey, entre otros artistas para quienes el Performance y el Body Art propiciaron, sostiene Vergine: “espacios de intercambio y multiplicación de identidades, combinación de medios y alternativas de transformación: una suerte de condición “post-humana” donde las acciones se encaminaban en la ruta de la metamorfosis” (2000). Al mismo tiempo, estas prácticas encontraron concordancia con los mitos del fin del milenio: extinción, tragedia tecnológica, ingeniería genética. Regresar la mirada a las prácticas performáticas de nuestros días nos invita a cuestionar las influencias y motivos en la producción de los artistas que trabajan con el cuerpo.

Horas Perdidas, es un Festival Internacional de Performance se realiza en la ciudad de Monterrey, plataforma que comenzó a operar como un espacio para el diálogo y el intercambio de propuestas artísticas de polo a polo, esfuerzo del trabajo de una red de colaboradores como la artista de performance Melissa García Aguirre. Durante años, ha logrado posicionarse como el punto de referencia para artistas e interesados en la práctica del Body Art y el Performance. Desde su creación, se planteó como un lugar de confluencia para toda clase de públicos, eligiendo siempre distintos puntos de la ciudad para la presentación de los proyectos y jugando con el carácter itinerante de qué hacer con el tiempo perdido. El Festival es dirigido por la artista Celeste Flores desde 2010, quien ha buscado entrelazar más rutas de cohesión entre artistas e interesados en el performance.

Horas Perdidas ha incluido en su programa la propuesta de artistas como Lorena Wolffer, cuya práctica se engarza con la necesidad de poner en evidencia ciertas problemáticas sociales, como la violencia de género. Sus piezas buscan incluir al otro, no como mero espectador sino como protagonista de la construcción de la obra. La selección de los artistas participantes fue realizada bajo convocatoria y hubo registros de alrededor de nueve países. Por su corte inclusivo, el proyecto siempre ha buscado realizarse en espacios públicos, por lo que esta edición el festival tuvo lugar en La Alameda de Monterrey, ubicada en el centro de la ciudad.

La memoria de la ciudad encarna en La Alameda el punto de partida y culminación del encuentro amoroso: es un espacio testigo del tránsito de paseantes provenientes de distintos lugares del país que logran alguna relación entrañable por la familiaridad a la que invita la plaza. Si consideramos que uno de los temas de la práctica del Performance y del Body Art trata de las relaciones de intercambio entre los cuerpos y sus identidades, podríamos decir que al menos la intención fue valiosa.

¿De qué se trata ahora, el contrato con el cuerpo? Mientras que la conferencia magistral estuvo a cargo de Mónica Mayer, la cartera de artistas nacionales incluyó la propuesta de Alejandro Rosas, Abraham Tornero, Cinthya Mercado, Erika Mayoral, Blanca Ramírez (Monterrey) y Joana Maldonado; mientras que los artistas internacionales que participaron fueron Tales Fray, Yolanda Benalba, Alba Cadena, Clara Macías, Alejandra Millán y Sebastián Ortiz. La revisión de esta curaduría necesitaría un texto aparte.

¿Qué podemos decir cuando hablamos de performance? Si lo que continúa dentro de estas prácticas es la intención de comunicarse a través del cuerpo, de desasirse o afanarse al otro, o bien a los objetos, valdría la pena reflexionar las palabras de Michel Journiac: “Change your body into a work of art”. Parafraseo: si el cuerpo es el medio habría que vestir al esqueleto de un blanco laqueado, si el cuerpo es un objeto, habría que elegir su investidura.

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Recursos:

  • Chateau, Dominique (2005) Estética después del fin del arte. Ensayos sobre Arthur C. Danto. España: La Balsa de la Medusa.
  • Vergine, Lea (2000) Body Art and Performance: The Body as Language. Italia: Skira Editore.
  • Portada. Perfomance: Concierto en obsidiana para desvanecer reflejos de Alejandro Zertuche, en el 3era bienal Internacional de performance Horas perdidas, en Mty Nuevo León

 


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Reseña. Período de Documentación 2016-2017. MICROECONOMÍAS DEL ARTE

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About Author

Artista y escritora. Ha participado en exposiciones en México, Cuba y España. Actualmente es editora en Posdata.

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