Mientras muchas mujeres artistas han rechazado el feminismo y otras han trabajado en medios como la pintura y la escultura, ninguna ha trabajado fuera de la historia.

Whitney Chadwick

Existen abismos entre nosotros y dentro de mí. Tres años antes de mi nacimiento, Maris Bustamante y Mónica Mayer visitaron “Nuestro Mundo” — el noticiero de Guillermo Ochoa — de Televisa, era el año de 1984.

Polvo de Gallina Negra ¿Por qué, Mónica?

— Bueno, el polvo de gallina negra es un polvo mágico, de los que venden aquí en México, en contra del mal de ojo. Nosotras, en un principio pensamos que es difícil ser mujer, que es difícil ser mujeres artistas, pero mujeres artistas y feministas… es dificilísimo. Entonces dijimos, pues un nombre como Polvo de Gallina Negra ya nos evita el mal de ojo, de dónde venga y estamos protegidas. Entonces así se llama nuestro grupo.

Veinte millones de personas escucharon estas palabras hace 33 años. Yo las escuché hasta hace muy poco, me recordaron la primera vez que tuve en las manos un material de Mayer, el libro Rosa Chillante. Recuerdo la sensación de sentirme salvada, de pensar “qué bueno que estas cosas no me pasaron a mí”, “qué bueno que las desigualdades entre mujeres y hombres se han dejado atrás y yo puedo ser libre”. Producía, gestionaba espacios, organizaba exposiciones y encuentros cuando todavía era estudiante ¿mujer? ¿mujer artista? ¿qué necesidad de traer eso a discusión? esas luchas ya pasaron, pensaba yo.

Cursaba la Licenciatura en Artes Visuales de la UANL y al contrario de percibir desigualdades, me sentía orgullosa de ser escuchada, de que las exposiciones y eventos que organizaba gozaran de una alta convocatoria y cobertura.

Mi autor favorito era Jean Baudrillard y hasta mucho tiempo después comprendí que había malentendido partes fundamentales “De la seducción” ¿no era esta la forma de poder femenina, la única? ¿no era la dominación masculina un simulacro? No me cagaban las feministas, las amaba, pero su discurso me aburría. En mi cuerpo de estudiante de arte todo había sido goce, no había dejado cabida para nada más, porque podía y porque ello no generaba ningún quiebre, todavía. Mi desnudez, simbólica y material, era recibida para el diálogo en el interior de las aulas de la facultad y la protección de los espacios, tanto institucionales como independientes, en los que llegué a presentar mi trabajo. Ahora pienso: claro, no había dinero involucrado, además de tener a las niñas terribles del performance enfrentito de mí — Marcela Quiroga y Georgina Arizpe — ellas fueron mis maestras y ejemplos vivos para la vida y el arte, su presencia fuerte no me dejaba la menor duda. A ellas se sumaron Lorena Estrada, Rocío Cárdenas y Yasoradí Sánchez, formaba parte de un colectivo y organizabamos exposiciones en un lugar por la Alameda, que luego mudamos al Barrio Antiguo, ahí éramos más o menos mujeres y hombres por igual, pero siempre estaba pegadita con las mujeres. Siempre he buscado hermanas, ahí andaba con Paola Cedeño y fuera de ese círculo con Violetta Ruíz y Nelly Guevara. Los canales entre nosotras se volvían magia: Nos hacíamos preguntas sobre el cuerpo, nuestras relaciones, el amor y la carne.

Nos tirabamos mierda para luego recogerla, nos amábamos, nos reconocíamos únicas, con circunstancias individuales, no colectivas, nunca pensamos que nuestra circunstancia personal estuviera vinculada a la de un grupo social, al de las mujeres. Así es como lo recuerdo, y es que sí nos hacíamos preguntas, pero no sé si eran otras, si no me acuerdo o si a mí me pasaban de noche las que tenían que ver con el género. De este periodo reconozco que se sembraron semillas al por mayor.

“Autorretrato en Calor (006)”. FAFI TRAMPOLIM Plataforma de Encuentro de Performance Victoria, Brasil (Octubre 2010). Registros tomado por Marcio Shimabukuro, Paula Usuga e Ignacio Pérez Pérez

Para llegar a donde quiero llegar aquí, todavía me falta, pero me voy a ir un poquito más para atrás. Virginia Woolf dijo que las mujeres debemos tener una habitación propia para escribir y yo tenía la mía. Una habitación rosa, que compartía con mis hermanas y que estaba dedicada al estudio, el dibujo y la lectura, le llamábamos “la oficina” y existía en casa desde que tengo memoria. El dormitorio era verde. ¿Cuál dominación masculina? En mi vida familiar no había otro hombre que mi padre, quien no dejaba trabajar a mi mamá, pero yo creía firmemente que eso era diferente, porque ellos eran mayores y nos estaban tratando de criar bajo otros valores. Me he preguntado si durante todo ese tiempo había enfrentado realmente tan pocas desigualdades o simplemente no había visto las cosas bajo el cristal de la perspectiva de género. Creo que fue un poco de ambos.

Desde mi lugar, la facultad de artes me parecía un espacio muy femenino, como un vientre. Dirigida entonces por una mujer, profesoras aguerridas y profesores que me recordaban a mis tías conversando, pero también confrontando al mundo, desde la cocina de mi abuela materna. No creo que puedan imaginarse lo similar que me era la experiencia. Por supuesto que estaban los profesores acosadores, a esos no les prestaba la mínima importancia, porque podía.

“De la serie Sangre (001)”. XIV Muestra Internacional de Performance Miradas Transversales Políticas del Cuerpo Ex-Teresa Arte Actual, México (2010). Registro tomado por Edith Medina.

Mi pequeña economía se desarrollaba dentro de un muy estrecho campo de ingresos y egresos: los talleres de arte que impartía y el pago de algunas cuotas escolares. A tres meses de egresar, ingresé a trabajar en una asociación civil internacional, como promotora educativa en el área de las artes. Trabajaba con un equipo multidisciplinario para generar programas educativos y de intervención social con perspectiva de derechos. Éramos puras mujeres, nuestra coordinadora regional lo era y su coordinadora también, de hecho, hasta la fundadora. Gozaba de todas las prestaciones, bonos de despensa, vacaciones y días de trabajo fuera de la ciudad para poder cumplir mis compromisos de artista. El sueldo no era lo ideal, pero considerando todo lo que estaba aprendiendo, las prestaciones y que respetaran mi interés en hacer una carrera en las artes, me mantenía productiva y feliz. Tan feliz que no podía entender que estaba operando cuatro jornadas laborales al mismo tiempo — la organización civil, mi producción personal, la gestión cultural y el trabajo del hogar — de las cuales obtenía mínimas ganancias por grandes esfuerzos y aportes a diversos aparatos económicos. Todo sea por el bienestar social, los derechos humanos, el arte, la cultura y una casa reluciente de limpia.

Durante los 3 años que trabajé en esa organización, el festival que había iniciado como estudiante pasó de ser regional, a nacional y luego internacional. Logré presentar mi obra y viajar a varias ciudades de México, Venezuela, Chile, Brasil, Argentina y Francia, para una “artistita chiquita de provincia”, como una vez fui llamada por una jurado en la CDMX, me sentía bastante orgullosa. Repetía en mi cabeza: Esas feministas no saben de lo que hablan  —,  pero sí sabían y tenían toda la cuerpa discursiva llena de razón.

Más o menos un año después, Caleb, mi pareja, recibió una propuesta para editar un libro sobre sus ilustraciones, la editorial se puso directamente en contacto con él y se encargó de todo el trabajo: financiaron el proyecto, organizaron las presentaciones, una exposición hermosa en la ciudad de Oaxaca, más publicaciones, todo pagado y operante sin que él tuviera que hacer nada más que estar de acuerdo en que sus ilustraciones fueran parte del proyecto. Yo me quedé pensando, pensé durante una semana sin decir nada. O mi obra está súper pedorra o algo bien cabrón está pasando. Porque en 10 años de carrera nunca ha pasado con mi obra algo similar a lo que le pasó a la de Caleb, quien tiene trabajando menos de la mitad del tiempo que yo me he dedicado al arte.

Hoy acepto y trato de desarticular el machismo, el heteropatriarcado y la misoginia que se me había inyectado sin saber. Un paso importante para deshacernos de los parásitos es aceptar que están viviendo en nuestro organismo. ¿De qué organismo estoy hablando? ¿mi cuerpo, qué cuerpo? Quiero insistir en llamarle vientre. Yo hablo desde aquí, trato de respetar esto que reconozco como el lugar que soy, este yo-vientre desde donde nace mi obra, mis palabras y desde donde puedo renacer yo misma, mi lengua. Y lo hago así porque leí, una y otra vez, textos feministas que entendía sin entender hasta que algo que me atravesó hizo visible lo que había ignorado: la desigualdad. Con ello un montón de cositas comenzaron a palpitar dentro de mí, crecieron, hablaron y tuve que hacerme cargo de ellas.

Comencé entonces a contar las mujeres y hombres que aparecían en las exposiciones, en la administración de los espacios y por curiosa me vestí cada vez más masculina. Lo hice primero porque de verdad llegué a considerar la opción de ser hombre trans, además estaba chido explorar y para ver qué ocurría, pero sobre todo qué me ocurría. La experiencia fue intensa y reveladora…, les juro que todas las personas de mi ámbito profesional comenzaron a tratarme mejor que nunca. No digo que este sea un experimento del cual se obtendrá siempre el mismo resultado, digo que esa fue mi experiencia. La cosa es que tuve que ponerme a estudiar más, tenía que explicarme este fenómeno de alguna manera, tenía que darle un sentido.

En Arte feminista en los ochenta en México, una investigación repleta de poderosos señalamientos y lo que yo interpreto como bellísimos actos de amor, Araceli Barbosa habla sobre el impacto cultural del feminismo de las mujeres artistas en nuestro país, lo hace desde una perspectiva tan íntima-política que es como verte en un espejo de esos que tienen iluminación y aumento integrados. Dentro de una parte de su investigación escuchas voces de muy diferentes mujeres, por supuesto, cada una con una experiencia diversa, hablando de las dificultades que han encontrado en el camino de sus carreras ¿qué viven diferente las mujeres de los hombres artistas? Con lo que yo más me identifiqué, de lo señalado en el libro, fue con las complejidades que se viven en cuanto a la relación casa-estudio – labor personalprofesional y el logro de la sustentabilidad de la obra, de igual forma me hizo formularme las siguientes preguntas ¿cuál es el lugar o los lugares para la crítica feminista (la producción, la investigación, la militancia)? ¿somos solo las mujeres quienes debemos preocuparnos por ella? ¿corremos el riesgo de dedicarnos a la militancia y descuidar nuestras investigaciones personales? ¿representa esta militancia una jornada extra? Es un mar de cuestionamientos, luego ¿cómo le hago para seguir indagando sobre mi propia identidad, sexualidad y libertad de ser cuando todas estas preguntas flotan alrededor mío, cuando se vive en una ciudad donde uno de los certámenes de arte más influyentes incluye solo a 9 mujeres en una selección de 29 artistas, una ciudad donde ocurren más de 73 feminicidios en un año?

La parálisis no puede ser una respuesta, si el género es una construcción social y entonces nuestras identidades, lejos de ser estables, pueden resistir a la hegemonía y buscar desestabilizarla, podríamos pensar que entonces mejor nos olvidamos otra vez de que si las mujeres artistas y los hombres artistas y apostemos por un mundo sin géneros binarios. La cosa es que no tenemos que elegir identidades estáticas para señalar desigualdades.

Es urgente que en Monterrey comencemos a aplicar la lupa de la perspectiva de género a los circuitos artísticos, pero también a las historias de nuestros propios proyectos y a nuestra propia vida íntima ¿en qué formas se manifiesta la misoginia y el machismo que esta ciudad ya nos hizo internalizar? si nunca se lo han planteado, déjense sorprender, puede ser el inicio de la creación de nuevos y más equitativos sentidos. Ojalá que pronto ser mujeres, artistas y feministas deje de ser dificilísimo.

 


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Artículo.Período de Documentación 2016-2017. MICROECONOMÍAS DEL ARTE

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About Author

(1987 Monterrey, México) es licenciada en Artes Visuales y cuenta con una maestría en Trabajo Social por la Universidad Autónoma de Nuevo León, institución en la que también se ha desempeñado como catedrática. Ha presentado su trabajo artístico México, Venezuela, Brasil, Chile, Argentina, España, Francia, República Checa, Italia y Chipre. Ha colaborado, como arteterapeuta, con el Departamento de Psiquiatría del Hospital Universitario dependientes de la UANL, CONARTE, Save the Children México y Safe Haven Tarrant County Arlignton, TX, USA. Actualmente se desempeña como gestora de programas formativos vinculados a la producción artística e interdisciplina, a los estudios de género y el activismo feminista.

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