En sus escritos póstumos enfocados al lenguaje y el conocimiento, Friedrich Nietzsche dedicaba una sentencia, contra el pensamiento positivista, en torno a la verdad: “No hay hechos, hay interpretaciones”, dice el filósofo alemán, pero no con el propósito de relativizar los juicios en torno a determinada situación, sino para develar lo imposible que resulta constatar un hecho.

Esta corta pero contundente frase, a pesar de lo distante que resulta en términos geográficos y temporales para el contexto político/social de México, nos arroja a un campo en el que los cuestionamientos sobre cómo se construye la verdad no son ni por asomo obsoletos o una tendencia reaccionaria: basta recordar la llamada “verdad histórica” de un lamentable caso ocurrido en el estado de Guerrero. Un relato que, a nivel nacional, fue impulsado como la incuestionable anécdota que se estableció para la posteridad y que no hace falta escudriñar, pues sobre ella, “ya se ha dicho todo”: no importan los hechos que la desmienten y las contradicciones que presenta, no hay posible estado de interpretación para lo que se dijo.

¿Cómo se produce el hecho, o mejor dicho, la verdad? ¿Qué y quién permite que se produzca? Es una pregunta que se puede desplegar del aforismo de Nietzsche y que fue brillantemente estudiado por Michel Foucault en relación al poder, pero remitiendo el sentido de este escrito al panorama de México, la pregunta obtiene su respuesta no sólo en la narrativa que se gesta dentro de oficinas o reuniones a puerta cerrada, sino en la capacidad para suprimir cualquier otra interpretación que atente contra lo que se trata de instaurar como hecho. Es aquí donde el periodismo brilla –lúgubremente– por la constante persecución de la que ha sido objeto. Y no hablo únicamente de los grandes periódicos con presencia en la opinión pública, sino de aquellas plataformas que han buscado hacer de conocimiento público, otra perspectiva, develando la condición interpretativa que se busca establecer como certeza.

Con la popularización de internet y la posibilidad de compartir información –visual o escrita– a una gran velocidad, progresivamente la idea de una verdad o hecho a empezado a desmoronarse: si bien hay protocolos de represión basados en la fuerza que castigan severamente estas actividades, la información a encontrado otros canales de circulación, al grado de que el escrutinio del ‘Gran Hermano’ difícilmente puede ser omnipresente y omnipotente. La participación de cada uno de los individuos de determinado núcleo social y cultural se vuelve importante: se prescinde de una voz particular para construir una voz colectiva que dicta y enuncia su propia interpretación, lejos de la intención de imponerse y presentarse infalible a cualquier otra ‘versión’; en estas condiciones, la suma de otros puntos de vista enriquece su cualidad de interpretación, incluso ‘ficticia’ respecto a la narrativa enunciada por el poder; siempre evasiva a la aprehensión complaciente, como un cuadro cubista.

El proyecto “Fictitious News” ideado por la artista Paloma Ayala (1980, Matamoros, México)  se plantea desde la urgencia por tejer un contexto no desde los discursos oficiales o los informes gubernamentales: el proyecto plantea un trabajo colaborativo entre/con  los individuos de la ciudad de Monterrey, en el estado de Nuevo León, México. A través de textos comisionados a distintas personas de la metrópoli, definidos como “noticias ficticias”, se pretende reflejar la manera en la que la historia contemporánea de la ciudad se construye a nivel colectivo. Los textos e imágenes resultantes de este ejercicio de ficción se formaliza en una publicación que funge como simulacro de periódico.

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El proyecto circula, como mencionábamos anteriormente, en un momento muy crítico para el ejercicio del periodismo y el flujo de información en general: el compromiso por informar con la verdad se ve comprometido con una serie de circunstancias relacionadas a las represalias que se pueden contraer al publicar determinado contenido. Pero, sin entrar en un discernimiento ontológico ¿Qué es la verdad en este contexto? Si dirigiéramos nuestra pregunta por el pensamiento de Foucault, nos encontraríamos con la interpretación del poder por encima de otras narrativas que buscará posicionarse como la Verdad –con mayúscula– cuyo objetivo será instalarse en el imaginario colectivo.

Estos posicionamientos se visibilizan a partir de imágenes con una dosis de humor que marca un contraste con la crudeza de ciertas situaciones sociopolíticas: encontramos fotografías religiosas cuya asociación con los textos raya en la ironía; intervenciones directas en la publicación con grafismos que tienen como propósito cuestionar al encabezado mismo; consignas de protesta trabajadas con señales; screenshots, memes  y un sinnúmero de recursos visuales que, lejos de resultar una distracción, funcionan en razón del formato editorial desde el que se opera. Las imágenes, en tanto representaciones, se vuelven un relato per se, que dentro de su enfoque irónico adquieren una autonomía en la publicación: no son solo ilustraciones o accesorios para los relatos ficticios, son narrativas que circulan a otros niveles cognitivos y semánticos, volviéndose una interpretación del suceso paralela al texto.

Otro factor a tomar en cuenta es su calidad de ficción. ¿Cómo opera aquí la idea de un escrito de ficción y hasta qué punto se puede mantener como tal? Como hemos mencionado anteriormente, una verdad enunciada por determinado órgano de poder busca a toda costa sofocar otras interpretaciones, valorándolas como ‘locuras’ o ‘datos falsos’. Por ende, sólo podría existir una ficción – en tanto un suceso fingido o inventado, producto de la imaginación– siempre y cuando se reconozca una ‘verdad’. ¿Son las noticias que leemos en el periódico que se desprende del proyecto “Fictitious news” verdaderas ficciones?  La participación colectiva de habitantes de la ciudad, dentro de su condición de sujetos ¿no ‘destapan’ pistas sobre una estructura social que no corresponde con el gran relato de Monterrey? ¿No son, acaso, falsas ficciones, pues llegan a ser más fidedignas, dentro de su condición imaginaria, que lo que presentan los discursos oficiales, matizados por un ideal de progreso imparable y estabilidad absoluta?

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En este punto, nuestras reflexiones sobre el límite entre la verdad y la ficción se vuelve tautológica y arroja términos contradictorios. Esto se puede atribuir a que –asumiendo que el público que ha leído algún número del proyecto “Fictitious news” no vive de primera mano las situaciones descritas ahí– nuestro juicio sobre los problemas sociales del territorio de Monterrey –o de cualquier otra parte del mundo– está sujeta al relato de una persona o grupo. Volverse parte del imaginario colectivo de un lugar intelectualmente –de modo escrito en este caso– es la consecuencia que puede emerger de nuestra participación extranjera en este proyecto, advirtiendo parcialmente el contexto de, en este caso, Monterrey. Reitero este punto debido al grado de responsabilidad informativa que se adquiere con el formato de publicación, con el hecho de escribir: evidentemente, “Fictitious news” nos muestra la posibilidad de componer un tejido narrativo alterno a las ‘verdades históricas’ del gobierno en turno, sin embargo, cuando rebasa el terreno disciplinario de las artes y circula en las calles, la lectura cambia: es posible que la experiencia del lector con otras publicaciones de formatos similares, donde se pueden leer las verdades periodísticas de la actualidad, no sea diferente y las ficciones lleguen a ser entendidas como verdades.

Acorde a lo descrito unos párrafos antes, otro de sus trabajos  “Diario de los Nuevos Distritos” el cual consiste en un formato impreso de publicación con noticias ficcionales que toman de tema principal la “nueva distritación de Monterrey”, revela la misma condición. Su papel de ficción y verdad se ve comprometida cuando su formato –impreso o digital– llega a las manos de individuos que viven en otras ciudades nacionales o extranjeras. Si contamos de primera mano con el discurso del habitante de Monterrey por encima de la “versión oficial” ¿No tenderá la primera a ser nuestro marco de referencia para entender lo que sucede en la ciudad más poblada de Nuevo León? El humor desde donde se posiciona la publicación deja ver la estructura poética con la que esta armada, en ese caso ¿tenderá a ser construida localmente, con un alto contenido de impresiones parciales, subjetivas o sesgadas por un posible conflicto de interpretación? No hay que pasar por alto dichas cuestiones, pues la escritura no es un ejercicio inocente: revela posturas.

palEse ir y venir entre lo que es un hecho y lo que es una mera invención articulada por varios miembros de una sociedad subraya la ausencia de una verdad monista e inquebrantable: la eterna promesa que viene en cada sexenio para el territorio mexicano. ¡Qué razón tenía el loco de Turín!

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Paloma Ayala (1980, Matamoros, México) recibió un BFA en la Universidad de Monterrey, México (2002) y un grado de enseñanza profesional en Arte AC también en México (2003). De 2005 a 2010 organizó talleres comunitarios para niños y adultos en Rochester, Nueva York (EE.UU.) desarrollado colaboraciones y exponiendo su obra, vive en Suiza desde 2010, donde continúa desarrollando proyectos enfocados en el trabajo con la comunidad, la participación y colaboraciones artísticas. Actualmente estudia un máster en la Zürcher Hochschule der Künste en Zürich. Explora la problemática de la frontera noreste de México, a través de diferentes medios y soportes. Se interesa en la relación entre los contextos domésticos y políticos. En su práctica, se establece una relación de trabajo con las comunidades específicas; crea temas de investigación, pide la colaboración o participación y aborda cuestiones internas en el espacio público con el fin de traerlos de vuelta a la producción nacional.


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Período de Documentación 2017-2018. LOS MEDIOS INESTABLES DEL ARTE EN LA HIPÉRBOLE NEOLIBERAL

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Surge de la necesidad de entablar diálogos e intercambios entre comunidades específicas en una plataforma para colaboradores provenientes de diferentes contextos, con la intención de crear un archivo en común que nutra las metanarrativas de sus entornos. (Si esta interesado en saber la autoría de alguno de los artículos publicados en la plataforma puede ponerse en contacto con nosotros en el correo: mmmmetafile.net@gmail.com)

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