Como todo discurso de poder, en la ciudad el discurso económico y el político se construyen a la distancia de los intereses de la comunidad y se le imponen como condena. Este texto en proceso, trata los avatares que, en el espacio público, se dieron en Monterrey y las distintas relaciones que se establecieron entre el capital, el gobierno, la sociedad y la producción simbólica en los últimos 15 años.

Eduardo Ramírez Pedrajo

1-Resignificación del espacio público

En este periodo, el espacio público en Monterrey experimentó una desarticulación no solo por 1) la guerra que se desató en sus calles; 2) el trauma urbano que representó la destrucción de sus vialidades por el huracán Alex; que sumados a la crisis financiera que se vivió a nivel global, trajo una serie de rearticulaciones en la relación de sus pobladores, los discursos públicos de sentido, las estrategias de recontrucción urbana, inversión inmobiliaria y su relación con la producción simbólica.

Trataré de plantear y contestar las siguientes preguntas que en este periodo se detectan y definen en las recononfiguraciones posteriores a esta quiebra de la ciudad. ¿Cómo fue el proceso de rearticulación del espacio público y qué implicaciones tiene, –en este paso de la privatización o su ignorancia, su abandono– hacia su resignificación y recapitalización? ¿Hubo un cambio en el discurso de los ciudadanos de lo contemplativo, hedonista, hacia lo participativo? ¿Los corporativos experimentaron o se vieron necesitados de un cambio de discurso a partir del trauma que generó la quiebra de la ciudad en estos años? ¿Hay paralelismos entre las estrategias financieras de los corporativos para salir de la crisis y el cambio en el uso de la producción simbólica? ¿Existe en Monterrey un desplazamiento del capital, de negociar política y económicamente a través de la producción artística (el coleccionismo, la escultura pública, los museos)?, ¿hacia dónde se da ese desplazamiento?

2-Partiendo de los síntomas

Desde inicio de los cuarenta, con la fundación del Tecnológico de Monterrey, la lógica del uso de la cultura de los corporativos regios, se monta como una estrategia política de confrontación ideológica en el espacio público contra la “oleada socialista” de la era cardenista, evidente en la producción del mural de González Camarena (El Triunfo de la Cultura) y el posterior surgimiento de la primera institución privada promotora de la cultura (Arte A. C.).

Si entendemos la formación de las colecciones corporativas y su proyecto de escultura urbana ligado a las industrias: Teorema Lunar (Manuel Felguérez, 1978), frente a AKRA; Surgimiento (Rafael Calzada, 1979), frente a Daltile; y Homenaje al Sol (Rufino Tamayo, 1980), frente al Palacio municipal; y la fundación de museos privados en los setentas (Museo de Monterrey, Promoción de las Artes, Planetario ALFA), como la construcción de una imágen de benefactoras sociales, en el álgido choque con el gobierno de Luis Echeverría. Si pensamos que el auge global de los productores regiomontanos, a partir de la segunda mitad de los noventa (Rubén Gutiérrez, Mario García Torres; Tercerunquinto), como resultado del pacto de Salinas de Gortari para hacer de los corporativos regiomontanos punta de lanza frente al Tratado de Libre Comercio para Norteamérica, ¿qué fue lo que pasó, a inicio del siglo XXI, que estos mismos corporativos abandonan esta política de promoción de la producción artística de manera aparentemente arbitraria, carente de esta lógica que originalmente establecieron?

A partir de la primera década del siglo XXI, empieza a desmantelarse esta estrategia cultural, casi a la par de que el país es gobernado por un partido de derecha. En el año 2000, después de 22 años de actividades, FEMSA cierra su museo (Museo de Monterrey), el más prestigiado de la ciudad y utiliza ese espacio para un comedor y oficinas corporativas. En 2008, CEMEX decide retirar la escultura de Sebastián, Los Lirios, que había edificado en 1987, para ampliar su edificio corporativo. En 2008 ALFA anuncia que retirará la escultura de Felguérez (Eclipse lunar, 1978), después de que vendió, en 2005, la planta AKRA y la abandonó a la suerte pública, hasta que en el 2009 la retiró del espacio público prometiendo reinstalarla en los terrenos de la Universidad de Monterrey. Cosa que a la fecha, no se ha cumplido.

Hoy, FEMSA, en vez de insistir en la territorialización de sus intereses corporativos, a través de la escultura urbana o el museo-hito, invierte en curadurías por el país y por sudamérica de su colección como estrategia sombra de sus adquisiciones de refresqueras o de las tiendas OXXO. Además hizo una inversión millonaria en la construcción del nuevo estadio de Rayados.

CEMEX en vez de reubicar la escultura de Sebastián, decidió reformar una plaza colindante a su corporativo y, además de un memorial, volverlo un espacio público que sirviera para, según dice Tatiana Bilbao, arquitecta a cargo “activar el tejido urbano en una zona en donde Don Lorenzo fijó su interés”.

ALFA, por su parte, ha “amenazado” desde hace años, más enfáticamente desde 2010, que tan pronto el Papalote Museo del Niño abra en el Parque Fundidora, en una “alianza estratégica” donará su “know how” al Papalote y cerrará el planetario ALFA, cercano a su corporativo, para reutilizar sus terrenos. ALFA, además, patrocinó la Puerta de la Creación, del arquitecto Tadao Ando, en el campus de la Universidad de Monterrey, llamado Centro Roberto Garza Sada de Arte, Arquitectura y Diseño.

Por estos síntomas parece que el uso político y económico de los corporativos 1) ha cambiado de interlocutor, es decir, ya no es el gobierno federal el destinatario, sino que, a través de proyectos públicos, además de tratar de diseñar la ciudad para su capitalización a nivel global, al parecer se dirige a la comunidad;  2) ha cambiado de espacio, ya no el objeto o el lienzo, sino la ciudad, y por lo mismo, 3) cambió el productor simbólico hacia aquel que pueda impactar a la escala de ciudad en sus proyectos; es decir, no el productor individual artístico, sino la agencia de branding y la arquitectura.

¿Qué fue lo que produjo estos cambios en este espacio de 15 años?

3- El rapto del espacio público

En 1984, bajo el gobierno de Alfonso Martínez Domínguez, se inaugura la Macroplaza (la cuarta más grande del mundo por su extensión) para “modernizar” el trazo de la ciudad y recuperar la zona centro de Monterrey.

Con el argumento de que esa zona de la ciudad estaba muy deteriorada se demolieron 31 manzanas  y 427 construcciones  en su mayoría edificaciones del siglo XIX (en un espacio equivalente a 40 hectáreas)[1].

Si bien el proyecto urbano es, a la fecha, ampliamente criticado, “el ambicioso programa incluía una oscura operación de especulación inmobiliaria, así como una velada intención de control estratégico de la plaza.” (Lupercio, 2015) A pesar de estas críticas, sus yerros estéticos y su fracaso para atraer a inversores privados que construyeran grandes edificios para redelinear el perfil urbano del centro, por la carencia de espacios públicos “amigables”, la Macroplaza fue tomada por la población de las pauperizadas colonias cercanas y logró ser el centro de una amplia vida pública.

Este sacrificio del patrimonio arqutectónico tenía sus objetivos precisos: regenerar la zona al resignificarla como lo que hoy se conoce como un distrito bohemio. La invención del Barrio Antiguo en los alrededores de la Macroplaza se convirtió en una zona de antros que atrajo, en los noventa, a jóvenes de todos los sectores de la ciudad hacia el “consumo de experiencias”.

La Macroplaza también se estableció como el origen de lo que, a principios del nuevo siglo, sería el corredor Paseo Santa Lucía, un  río artificial de más de 2 kilómetros de largo que la conecta con el Parque Fundidora que, a la quiebra de esta industria y el establecimiento del fideicomiso en que se cedía el espacio “al pueblo de Monterrey”, se vio sometido a un proceso de privatización y enajenamiento para convertirlo en una especie de parque temático. El Parque Plaza Sésamo, el Auditorio Banamex, La Arena Monterrey, un hotel Holiday Inn, la pista de la serie Kart por pocos años, la pista de hielo Mabe, el Museo El papalote, por inaugurarse, son algunos de las marcas que se han establecido en este “espacio público”.

Por su parte la Macroplaza se convirtió también en el escenario de estos museos-hito. Además de los museos de Historia Mexicana, el del Noreste, el más representativo es el Museo de Arte Contemporáneo (MARCO) de Agustín Legorreta que, junto con el Faro del Comercio de Luis Barragán, definieron el otro polo de este corredor turístico.

La Macroplaza resignificó el espacio público hacia una zona propia para que floreciera la industria de la experiencia, a costa del patrimonio arquitectónico de la ciudad y del patrimonio simple de cientos de familias.

4- Una guerra en la ciudad 

Con el inicio de nuevo siglo el espacio público tiene en el narco un nuevo actor que rompe y reconfigura la tradicional relación entre gobierno e iniciativa privada.

Nada nos preparó, a los diferentes actores del espacio público, para lo que la ciudad experimentó los años siguientes.

Unos días después de su forzada toma de posesión (diciembre, 2006), en un intento de legitimizarse, Felipe Calderón se viste de militar y, en Michoacán, declara la guerra al narcotráfico. Solo dos meses después “pone en marcha el Operativo Nuevo León”. El objetivo de esta guerra, según declaró el Secretario de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, es “la recuperación de los espacios públicos que la delincuencia organizada ha arrebatado”. Esa recuperación se convirtió en una militarización de la ciudad.

A principio del 2009, el libre tránsito por las avenidas de Monterrey quedó mermado por los retenes y una nueva estrategia de los carteles, los narcobloqueos[2]. Además, para generar presión hacia el gobierno, aparecieron “los tapados”. Jóvenes y mujeres con niños pequeños que (“por 500 pesos y útiles escolares”, se dijo[3]) bajaban de las colonias marginadas y tapaban las calles principales de la ciudad pidiendo la salida de los militares. Los bloqueos duraban horas. La autoridad solo llegaba a la zona, pero no intervenía. Esta estrategia fue calificada por un miembro del Instituto de Ingeniería Civil de la UANL, como “terrorismo vial”, dado que unos cuantos paralizaban el flujo de cerca de 50, 000 automóviles (75, 000 personas), según sus cálculos.

La ciudad y la sociedad civil de Monterrey, nunca fue mejor representada que por esa multitud de coches barados inútilmente por horas. Esto nos enfrenta a una realidad urbana de las fuerzas que se confrontan. Dos grupos que ocultan su rostro: los tapados y las fuerzas federales, ambos embozados para evitar represalias personales o contra su familia y las autoridades locales que no se atreven a dar la cara. Y la población que antes era espectadora, ahora es actora y, al ser tomada de rehén, es sacada de la indiferencia de sus coches y no se siente representada por ninguno de estos grupos.

El narco instituyó, en “la ciudad más industriosa y productiva del país” una economía otra que competía con y cuestionaba la economía dominante. Basada en un principio común, “la industria de la experiencia” a través de las drogas (legales o ilegales); arraigada, la mayoría de las veces, en un mismo espacio público, el Barrio Antiguo; ellos no a través de la especulación inmobiliaria y su plusvalía, sino por la expropiación del espacio público a través del “cobro de piso”.

Según un reporte del Cónsul de Estados Unidos en Monterrey en 2009[4], estos bloqueos representaban “un desafío al Estado porque demuestran que el narco puede paralizar la ciudad a su conveniencia.”

De enero de 2008 a junio de 2011 se registran 1400 muertes en Nuevo León. Solo en 2010 se registraron 620 muertes.[5]

Ante esto la comunidad se repliega y abandona el espacio público, dejándola a merced de estos grupos enfrentados. El Barrio Antiguo que, cada fin de semana y desde el jueves, se volvía zona peatonal donde se volcaban los jóvenes a transitar de un antro a otro, se volvió un desierto, por el cobro de piso y la injuriosa presencia del narcomenudeo.

La ciudad vivía en estado de sitio.

5- Resignificar lo público en defensa propia

Según Antonio Garza Sastré, director de la Maestría en Urbanismo del Tec, estos raptos propios del ejercicio de poder que implica la alianza entre gobierno y la iniciativa privada, manifiestos en el diseño urbano, han generado una “carencia de empatía por los demás cuando la ciudad misma no provoca el acercamiento de todos en áreas públicas”[6].

Históricamente el paternalismo de los corporativos ha creado una deuda social y una falta de solidaridad que se manifestaba en la pasividad. Durante décadas las manifestaciones sociales no eran concebidas o, extrañamente, eran los empresarios, apoyados por las familias de distintas clases, quienes salían a las calles a protestar contra políticas públicas federales que afectaban sus intereses. Paradigmática es la marcha contra la ley del Trabajo (5 de febrero de 1936) y contra el libro de texto gratuito de 1962.

Pero, son las flagrantes ofensas a la sociedad civil, unidas a la inoperancia de las autoridades, lo que generó movimientos como el de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León (FUNDENL). Leticia Hidalgo perdió a sus hijo Roy el 11 de enero de 2011. Hombres armados entraron a su casa y se lo llevaron.

Después de asistir al paso por Monterrey de la caravana nacional organizada por Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, en la plaza de Colegio Civil, el 7 de junio de 2011, Leticia, junto con otros familiares de desaparecidos, deciden organizarse. Tras inútiles rondas por ministerios públicos y barandillas, Leticia conoce el movimiento de bordadoras y deciden bordar en reuniones cada jueves frente a la catedral. Gracias a la sugerencia de Leticia, se suma, a nivel nacional, en los pañuelos el color verde para los desaparecidos.

Se reunían cada semana a bordar en el kiosco de la Macroplaza, pero otras veces lo hacían afuera de un Juzgado, en una manifestación o en algún acto de gobierno. Lo importante era habitar el espacio público, visibilizar ante los demás esas desapariciones.

En ese resistir e insistir por el espacio público, el 11 de enero de 2014, el tercer aniversario de la desaparición de Roy, hijo de Leticia, FUNDENL decide apropiarse de una plaza pública, ubicada entre el Palacio de Gobierno y las oficinas del periódico El Norte. En el acto, le sobreponen a la placa original, un poema escrito a propósito de los desaparecidos y, sobre la escultura de cristal diseñada por los arquitectos Agustín Landa y Adán Lozano[7] (2001), cada familiar pega el nombre de su desaparecido.

“No (es) un memorial. (es) Un dispositivo de esperanza al aire libre”[8]. (Leticia Hidalgo, 11 enero del 2014)

Lo que me interesa subrayar es que estos actos simbólicos comunitarios son una forma de recuperar y resignificar el espacio público que le fue raptado a la sociedad no solo por la violencia, sino por la arbitrariedad de la planeación urbana, por la ignorancia e injusticia del estado.

El movimiento de Bordando por la paz en Monterrey y la toma de la plaza “el Breve Espacio” (o plaza de los toreros) para resignificarla como la Plaza de los desaparecidos son simbolizaciones sociales colectivas que devuelven el sentido a las calles, y rebasan la producción artística en que tuvieron su origen (sea el colectivo Fuentes Rojas o el poema de Rodrigo Guajardo[9]).

Solo como contraste, cito dos proyectos artísticos de esta época que tuvieron su origen en Monterrey. En las paredes de un restorán de la zona más prestigiosa de Monterrey, un productor local pone una pintura y una intervención basada en la violencia que acoge a la ciudad (la pintura rige el patrón de un cristal quebrado por un balazo, la intervención son violentos agujeros en la pared que imitan una ráfaga de disparos).

En el otro[10], se les hace pintar a gente de clase media alta y alta, las metralletas más usadas en esta guerra del narco, contrapuestos con unas pintras de paisaje elaboradas por familiares de militares.

Ambos proyectos están insertos en el mercado del arte (uno comisionado por los arquitectos que diseñaban el restorán y el otro presentado en una galería). Habría que preguntarnos si, estos actos de producción simbólica ¿problematizan (o solo “estetizan”) el “trauma” que los pobladores de la ciudad estamos enfrentando?, ¿o si, el capital propietariza cualquier propuesta al naturalizarla y convertirla en “mercancía” y “decoración”?

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Lo cierto es que, no solo por estar en el espacio público, sino por ser una simbolización colectiva y fuera del alcance de cualquier reducción al capital, Bordando por la paz y la toma de la plaza de los desaparecidos generan un más amplio capital simbólico.

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A partir de esta crisis del espacio público por la inseguridad, cambiará la relación con la comunidad y la escala y escenario de estas simbolizaciones comunitarias; la reconfiguración de las relaciones entre la sociedad civil, el estado y la producción simbólica.

continúa…

 

Referencias:

[1] Prieto, José Manuel. Patrimonio moderno y cultura arquitectónica en Monterrey: claves de un desencuentro. Fondo Editorial Nuevo León. UANL. Monterrey, 2014.

[2] Solo el 16 de agosto de 2010 se registraron 20 narcobloqueos en la ciudad. (La Jornada)

[3] “las protestas llevadas a cabo en Monterrey fueron orquestadas por el narcotráfico para boicotear los operativos que los soldados y los policías federales realizan en esa región.” (El Confidencial, 19 de febrero de 2009); “Jóvenes pandilleros reclutados por narcotraficantes roban y secuestran autos, camiones y autobuses, para bloquear el tráfico y cometer otros delitos. Otros llegan de colonias marginadas para protestar contra la presencia militar y cada vez más reciben equipos para monitorear a las fuerzas de seguridad.” (La jornada, 26 de agosto de 2010)

[4] (La Jornada, 10 de febrero 2011)

[5] “A partir del primer trimester de 2010, las estadísticas oficiales registran el aumento de la violencia en Nuevo León, al reportarse 85 casos, prácticamente el doble de los homicidios cometidos en el último trimester de 2009. Para el periodo de 2010, se contabilizaron 211 homicidios, para el tercer trimestre, 198 y de octubre a diciembre de ese año, 126. (La Jornada, 17 de junio, 2011)

[6] “S-AR Stación Arquitectura, Macroplaza 20.30, Intervención para reformar el espacio público en la Macroplaza de Monterrey. Fondo Editorial Nuevo León. 2013.”

[7] “La Plaza El Breve Espacio, una estructura transparente, diseñada por los arquitectos Agustín Landa y Adán Lozano, que alcanza unos seis metros de altura y es visible desde las calles circundantes.” (El Barrio Antiguo, 8 de mayo 2015)

[8] FUNDENL, La presencia de la ausencia, Historias de personas desaparecidas y reflexiones en torno a la desaparición en México. Monterrey, 2016.

[9] Originalmente el nuevo nombre de la plaza fue La transparencia de la víspera, por una línea del poema de Rodrigo Guajardo que se puso también en la plaza.

[10] Damián Ontiveros, La memoria del fuego. Galería Alternativa Once, 15 de agosto de 2012. Garza García, Nuevo León.


El presente es un documento de trabajo de un texto más amplio en proceso, y publicado con autorización del autor. El texto fue presentado, en el marco de la fase lll del Sitac Xlll “Nadie es inocente”

 

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About Author

Editor de velocidadcrítica (2000-2007). Co-editor (junto a Alberto López Cuenca) del proyecto y libro Propiedad intelectual, nuevas tecnologías y libre acceso a la cultura (CCE-MX/UDLAP, 2008). Becario de JUMEX para estudios de posgrado (2006). Ha publicado en la revista Lápiz, ABC de las artes y las letras y salonkritik de España. Premio estatal de poesía en Nuevo León por Círculo de ceniza (CONARTE, 2009). Autor de “El triunfo de la cultura, uso político y económico de la cultura en Monterrey” (FENL/UANL, 2009).

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