Hace unas semanas, en búsqueda de referencias sobre los distintos enfoques que permean a los estudios culturales, encontré una idea esbozada que, en paráfrasis, se podía resumir de la siguiente manera: aquella persona que mire en la disciplina de la historia algo más que acontecimientos y hechos pertenecientes al pasado,  dota a su perspectiva de una suerte de escepticismo.

No es precisamente el fin de esta conservación, detonar la conciencia histórica per se, sino demostrar que, independiente de la idiosincrasia que se practicara en algún momento, en cierto territorio, la replicación y ejercicio del poder siempre ha estado ahí: es lo único constante, hasta cierto punto, el rasgo que distingue a la humanidad; es su capacidad para someter y estratificar a su misma especie por distintos medios.

Pero ¿realmente estamos condenados a entender la historia desde los ojos de las cúpulas que dictaron su voluntad sobre la de otros?

Museo Invisible Fundidora, es un proyecto de investigación y producción artística a cargo de los ex-trabajadores de la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey en colaboración con los artistas Ana Fernanda Cadena y Federico Martínez Montoya[1]. En la condición documental y narrativa que yace en los testimonios capturados en audio, los cuales pueden ser apreciados, desde cierta distancia temporal, colocándonos en un presente en el que pareciera ya no haber nada nuevo ni de qué asombrarse.

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“Seguimos Siendo La Maestranza” 2016

Sin embargo, la dirección con la que navega este planteamiento de museo, se abre paso entre tales circunstancias para colocarse frente a nosotros, desde un punto en que los archivos y los documentos no suelen mostrar: la visión de aquellos que forman parte de la historia, cuyo papel suele verse aminorado por los Grandes nombres.

El proyecto nace de una petición lanzada en el 2006 por un grupo de ex- trabajadores de la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, con el propósito de realizar un museo de tres hectáreas, gestionado por y para ellos mismos, dentro del Parque Fundidora. La petición fue ignorada, pero el incidente sirvió como detonante a una serie de preguntas sobre la conservación de la memoria, como se narra en la descripción del proyecto[2]. ¿Quién puede hablar de nuestra historia? ¿Desde dónde?

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“Más de Tres Hectáreas” 2016

Una de las líneas de investigación más interesantes que se desprenden de este proyecto, devino en una colaboración con un amplio grupo de obreros e ingenieros para rescatar la cultura oral de éstos, por medio de récords, en los que comparten anécdotas referentes a su vida diaria en la fundidora, y los contratiempos que solían acontecer con cierta regularidad: accidentes de trabajo que van desde cicatrices hasta mutilaciones, así como las intervenciones villistas durante la revolución mexicana[3], sacan a flote las complejidades que no se contemplan en la historia oficial relativa a la Fundidora, pero que sin duda representan un aspecto crucial que vivió, hasta antes de las grabaciones, en la memoria de sus trabajadores.

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Screenshot de “Rueda de la Fortuna” 2016

Aunque el proyecto dista de plantearse en el campo del arte sonoro, los récords generados de tal colaboración tienen una condición estética sumamente peculiar: en un determinado momento, las pláticas comienzan a entrecruzarse con el propósito de desmentir, algunas memorias emitidas por sus mismos compañeros a lo largo de la charla, complementando y reconstruyendo el hecho inicial[4].

Las voces comienzan a dibujar una circunstancia tan caótica y abrumadora, que deja patente algo significativo, para lo cual, las palabras son insuficientes: la historia de la Fundidora es más compleja de lo que se había pensado hasta el momento. Hay tantas cosas al decir al respecto que la verdad histórica de su cierre y funcionamiento entra en el campo de la especulación.

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Registro de sesión de trabajo entre ex trabajadores de la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey y el colectivo Museo Invisible Fundidora Escuela Adolfo Prieto 2016

El empleo de las grabaciones como medio para la construcción de un archivo, goza de una condición formal, que influye cabalmente en la lectura del contexto que envuelve al proyecto, sobre todo cuando valoramos su relación histórica con iniciativas similares. Tal es el caso del proyecto “Fundidora S.A”  del Colectivo Estética Unisex[5] –constituido por los artistas Lorena Estrada Quiroga y Futuro F. Moncada– dicho proyecto esta subdividido en diferentes estudios sobre el archivo fotográfico oficial de la fundidora. Las cuatro acciones,es uno de estos estudios.

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“Las cuatro acciones” plantea una reflexión sobre las relaciones de poder entre la clase política, empresarial y obrera, que dieron vida a una de las empresas más importantes de México y Latinoamérica: Fundidora de Fierro y Acero Monterrey, S. A. (1900-1986).

El proyecto de este colectivo identificó un conjunto de acciones que muestran códigos de comportamiento que, en sus palabras, “escapan al control del discurso y revelan ideales de los protagonistas que aparecen en las imágenes”[6]; protagonistas que, en general, se pueden identificar como los empresarios o inversores de la fundidora.

Relacionando ambos proyectos, algo destacable es el contenido, que tiene una carga histórica de un valioso peso, colocan en la mesa de discusión un par de preguntas clave: ¿Quién puede/debe ser representado? ¿Cuáles son los criterios por los cuales se determina lo que se debe preservar? tal parece que la representación histórica oficialista,  ha sido decisiva en la replicación de los ejercicios de poder.

Algo similar se puede advertir en el archivo fotográfico curado por Estética Unisex: las imágenes de los recursos humanos de la fundidora son escasos, mientras que el archivo visibiliza a los hombres detrás de los años maravillosos de la empresa.

En el otro lado de la moneda, con el Museo Invisible Fundidora, contamos con las narrativas alternas al espectro dorado y de aparente plenitud, sin imágenes visuales de por medio, en una dinámica permeada por el caos de su imposibilidad: dentro del anonimato de un grupo de voces que condensan la vida laboral de cientos, quizá miles, de personas que pasaron por aquella compañía, con relatos probablemente más crudos e inquietantes, reconstruimos parte de su historia a través de sus records – sus memorias–.

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Screenshot de “10 de Mayo” 2015

A pesar de ello, al final del día, tantas perspectivas –oficiales y subalternas– son los adversos y reversos de cientos de posibles interpretaciones, que pueden converger en que no todo fue miel sobre hojuelas, durante los años de operación de la empresa. Lo acontecido en la fundidora sólo es uno de tantos ejemplos sobre acontecimientos que ignoramos en su compleja totalidad, y nos invitan a cuestionar las plumas que han dictado la historia a lo largo del tiempo.

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[1] http://museoinvisiblefundidora.com/

[2] ibid.

[3] La Fundidora de Fierro y Acero Monterrey comenzó operaciones desde el año 1900 y permaneció abierta hasta 1986.

[4] https://archive.org/details/historiadelafabricarubenvillareal/11.wav&playset=1&autoplay=1

[5] http://colectivoesteticaunisex.com/projects/las-cuatro-acciones/

[6] ibid.

 


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Período de Documentación 2017-2018. LOS MEDIOS INESTABLES DEL ARTE EN LA HIPÉRBOLE NEOLIBERAL

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