Uno de los elementos más complejos, en términos imaginales, que se pueden reconocer cuando se habla de la ciudad son los suburbios. Su etimología es extraña en relación al urbanismo y, más allá de la definición que podamos encontrar en un diccionario, lo que vuelve tan complicada su comprensión no se encuentra precisamente en las palabras, sino en la representaciones que se han hecho en distintas producciones audiovisuales, como el cine y los programas de televisión, sean realizadas con personajes de carne y hueso o animados: mayoritariamente estadounidense, la representación de los suburbios como el Jardín del Edén en el que se puede disponer de una calidad de vida en las comodidades que ofrece el desarrollo urbano, sin estar condenado a los problemas de la urbe –como el estrés  generado por el tráfico o el ruido–, ha sido un esquema cultural recurrente a la venta en nuestras pantallas.

Basta recordar las coloridas casas que conforman el paisaje a lo largo de la película Edward Scissorhands (1990) dirigida por Tim Burton: construidas casi en serie, apenas diferenciadas por las tonalidades pastel de cada hogar y por el tipo de flores que cultivan, rodeadas de un limpio césped y vitalizadas por una comunidad casi de ensueño, el fraccionamiento suburbano en el que se desenvuelve la historia muestra su autosuficiencia narrativa como lugar. No necesita recurrir a las problemáticas urbanas asociadas a las espectaculares persecuciones policíacas del  cine de acción para gestar en sus entrañas una historia.

Si bien, tan pronto como nos adentramos en la trama nos percatamos de que la putrefacción ideológica y social de ese conjunto de hogares es inversamente proporcional a la belleza paradisíaca de sus paleta de color y cielos, algo que podemos destacar de este ejemplo es el ambiente idílico que  pretenden aparentar los suburbios norteamericanos como la cura a los problemas de sobrepoblación, encarecimiento inmobiliario alentado por la gentrificación de barrios, escasez de servicios básicos y falta de espacios públicos que se presentan en las grandes ciudades. Merced de esto, las producciones para televisión ambientadas en estas geografías han recurrido, o bien a la valoración circunstancial de su organización urbana, como ocurría en That 70’s Show (1998-2006) –época y lugar que sirve como telón para cada capítulo– o a una revisión crítica de sus implicaciones mediadas por una situación económica relativamente inestable, tal y como fue trabajado en las siete temporadas de Malcolm in the Middle  (2000- 2006).

Sin embargo, el modelo de los suburbios, fuera de la consciencia cultural norteamericana, no goza de la misma fortuna. Actualmente, el paraíso que equilibraba la esfera urbana y rural atraviesa una crisis de hipotecas, precariedad laboral[1], inseguridad y problemas de salud relacionados con el consumo de drogas[2]. Esto parece ser algo súbito para el proyecto estadounidense suburbano, pero ha constituido ya una realidad, desde hace varios años, en algunos países de América Latina.

Centrándome en México, sus suburbios atienden más a una economía de espacios y recursos naturales que ha la construcción de un espacio organizado en términos saludables. La lógica de su proyección responde a la colocación de viviendas en el menor espacio posible: a diferencia del ensueño suburbano estadounidense, en el proyecto mexicano no hay cabida para varios metros cuadrados de áreas verdes. Su construcción asemeja más al juego de Tetris que a la casa con techo de dos aguas, tan recurrente en nuestra imaginación cuando pensamos en el hogar.

Aún con la aparente accesibilidad adquisitiva orientada al interés social de los fraccionamientos suburbanos en México, la ubicación convierte a dicho proyecto en un arma de doble filo ya que, al encontrarse lejos de la lupa gubernamental que distribuye la atención en materia de seguridad y recursos,  los problemas de robo, invasiones, narcotráfico o falta de agua potable pueden intensificarse, reduciendo notablemente la calidad de vida y orillando a sus habitantes a abandonar paulatinamente los suburbios, aceptando todos los problemas que la vida urbana-céntrica implica.

Desde el contexto mexicano, retomemos nuevamente el papel de las representaciones visuales o, mejor dicho,  artísticas de los suburbios ¿Qué tipo de imágenes se pueden generar de una condición de vida ajena al ensueño norteamericano, altamente ligadas a las problemáticas cotidianas que estos proyectos han generado? Para el fotógrafo Alejandro Cartagena ( 1977- n. República Dominicana, radicado en Nuevo León, México) la exploración del paisaje ha funcionado como una herramienta de observación de las construcciones culturales, sociales y políticas que conforman las sociedades latinoamericanas.[3]

En este sentido, el paisaje en su obra no se limita, como ocurre tradicionalmente, a la representación enfocada estrictamente en la naturaleza; el paisaje se vuelve un problema artístico en la medida en que se reconoce la relación de un núcleo social-humano con su entorno, destacando que las cualidades de desgaste o preservación de bosques u hogares revelan sus circunstancias endémicas.

En la lente de Cartagena no existe una necesidad por mostrar los aspectos positivos de situaciones relacionadas con los proyectos suburbanos de la ciudad de Monterrey: si bien el dominio de la técnica y la historia del paisaje es notable en su trabajo, sus fotografías no tienen como propósito la estetización política de los problemas urbanos, pues muestran, de un modo bastante crudo –y casi contradictorio en relación a la factura–, cada detalle de la vida que se desenvuelve ahí. El proyecto Suburbia Mexicana: Fragmented Cities, primera parte de un proyecto constituido de cinco fases, se desenvuelve en esta vía al fotografiar, desde distintos puntos, un fraccionamiento suburbano del área metropolitana de Monterrey.

Desde la implementación de las estrategias económicas neoliberales en dicha ciudad, durante el 2001, con la promesa recurrente de ser los motores para una estabilidad social y económica, Cartagena investiga las consecuencias del acelerado proceso de construcción de las viviendas desorganizadas en pro de un mayor acomodo de habitantes que la zona céntrica de Monterrey no puede alojar. Los resultados que se advierten en la serie fotográfica denotan severos problemas relacionados con el abandono de vivienda y el marcado contraste entre la promesa urbana y el entorno natural. Aquí, el punto medio al que aspiraba el proyecto suburbano no ha tenido lugar.

Anclado al proyecto Suburbia Mexicana, la serie Lost Rivers ofrece una perspectiva un tanto romántica de los estragos que la construcción de los suburbios ha generado en los riachuelos y otros cuerpos de agua aledaños a los asentamientos: Árboles secos, ríos en vías de desaparición o con un tinte nauseabundo, vertederos improvisados y, en general, un paisaje constituido por tonos marrones, verdes y grises son lo que caracteriza a esta serie, que devela la otra cara de los procesos de suburbanización en el la metrópolis regia. Reminiscentes en gran medida al ambiente apolíneo de la pintura prerrafaelista, las fotografías de esta serie generan un cierto grado de incomodidad al advertir el abyecto punto medio que la naturaleza ha acordado con los indicios de la mancha urbana y su consecuente contaminación.

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Lost Rivers. Alejandro Cartagena

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Lost Rivers. Alejandro Cartagena

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Lost Rivers. Alejandro Cartagena

La investigación paisajística de este fotógrafo presenta una faceta menos tradicional –respecto a los motivos – en Carpoolers, serie fotográfica en la que se muestran escenas extraídas, en su mayoría, de las cajas de las camionetas en las que se transportan trabajadores de la construcción. Haciendo referencia al carpooling, una práctica que consiste en compartir un automóvil con otras personas– tanto para viajes periódicos como para trayectos puntuales– las imágenes de esta serie revelan una faceta poco advertida del proceso de construcción: la condición humana de la mano de obra. Mostrando elementos propios del trabajo de la albañilería, como herramientas, materiales o –en ocasiones– escombros, se configura una pequeño espacio público en el que los trabajadores platican o descansan, improvisando un lecho en las cajas. Así, las fotografías nos dan indicios de las dinámicas vivenciales sin recurrir necesariamente a los modelos estáticos del hogar o los complejos suburbanos; Carpoolers nos presenta a quienes están detrás, en la praxis, de las construcciones. Son paisajes en un área espacial muy pequeña, pero tan complejos como los que se fotografiaron en las series anteriormente mencionadas.

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Carpooler.Alejandro Cartagena

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Carpooler.Alejandro Cartagena

Mientras que en el imaginario estadounidense los suburbios se perfilan como el modelo más balanceado entre desarrollo urbano y sustentabilidad, Alejandro Cartagena ha representado mediante la fotografía –de una manera agridulce pero muy realista–las consecuencias sociales y ecológicas de este modelo de construcción y organización de las viviendas. Sin recurrir a la denuncia visceral de las problemáticas de la ciudad, Cartagena señala a través de su trabajo la “lucha que enfrentamos siguiendo los ideales de un sistema capitalista mientras luchamos por ciudades más justas en las cuales vivir”[4], a partir de una concepción de la fotografía para la cual las descripciones verbales no hacen justicia, pues son lo suficientemente claras al grado de que una explicación escrita es redundante.

Desde esta perspectiva, su tratamiento del género del paisaje toma una distancia al no proponerse generar una imagen única en la cual la contemplación sea el fin: a través de distintos planos, generales o en detalle, se conforma el dispositivo que alienta la comprensión de una ciudad fuera de la ciudad, marcada por la fragmentación y hostilidad que los suburbios de ensueño tratan de ocultar, pero que en la ciudad de Monterrey despliegan sus deficiencias ante el reiterativo e ilusorio discurso del progreso.

Alejandro Cartagena nace en Republica Dominicana en 1977. Vive y trabaja en Monterrey México desde 1990. Cursó la Maestría en Artes Visuales de la UANL.

Ha exhibido de manera individual en México, China, Estados Unidos, Italia, Inglaterra, Canadá y Guatemala y ha participado en más de 50 exposiciones colectivas en países de América, Asia y Europa. Su trabajo se ha publicado en revistas como Wallpaper, Monocle, Financial Times, The New Yorker, PDN, New York Times, American Photography y Domus entre otras. Su libro Suburbia Mexicana fue editado por Daylight y Photolucida en el 2011.

 

[1] http://www.sinpermiso.info/textos/suburbios-la-pobreza-oculta-de-estados-unidos

[2] http://www.elfinanciero.com.mx/mundo/los-suburbios-de-eu-viven-una-crisis-de-sobredosis.html

[3] https://alejandrocartagena.com/bio/

[4] https://alejandrocartagena.com/h/home/fragmented-cities/

 


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Período de Documentación 2017-2018. LOS MEDIOS INESTABLES DEL ARTE EN LA HIPÉRBOLE NEOLIBERAL

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About Author

Es un artista visual/ sonoro. En el 2016 concluyó el plan de estudios de la licenciatura en Artes Visuales, impartida en la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM. Ha participado en más de quince exposiciones colectivas y encuentros de arte sonoro en México, Reino Unido y España. Su trabajo es parte del acervo del Museo de la Ciudad de México. Es CEO de P-100: plataforma digital dedicada a la difusión de arte contemporáneo.

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