«Usted es un prisionero de sus valores, y no será capaz de engañarnos», sentencia uno de los personajes de The Village of The Damned (1995), remake de aquella cinta en la que unos misteriosos niños albinos aplican toda su crueldad sobre los adultos de un recóndito pueblo estadounidense. La referencia, una entre varias, la usa José Luis Sánchez Rull a propósito de la última exposición de Manuel Solano en la galería Karen Huber.

El cuadro-instalación que detonaba la cita de Rull era Desafiando a la autoridad (2017). Un niño corpulento confronta al espectador; es difícil definir su emoción: ¿tristeza, rabia, impotencia, insumisión?, ¿todas las anteriores? Su mirada remite a La niña indiferente (1947), célebre cuadro de María Izquierdo. En ambos, la representación del niño ha sido arrebatada de toda inocencia; su mirada no es muy lejana a la visión de los otros niños del maíz. Sea como fuere, estamos ante dos tradiciones en apariencia alejadas —el cine de terror serie B y el modernismo mexicano— que se encausan sin querer en la obra de un mismo creador. La incidental presencia de la tradición pictórica no es motivo de homenaje; ella en sí opera como otra forma de autoridad digna de ser cuestionada.

Manuel Solano, Desafiando a la Autoridad

Manuel Solano, Desafiando a la Autoridad

Como los niños del maíz que devienen los guardianes de los adultos al poder leer pensamientos, Solano, sea mediante la figuración o no, entrega una serie de piezas que refleja la impotencia de un cuerpo inconforme con los códigos sociales, sexuales, pictóricos, e incluso académicos (basta recordar el agridulce paso de Manuel por la academia francesa, donde sus retratos de Tyra Banks y Nicki Minaj incomodaban a los jurys). Así, el díptico Sangre y homosexuales (s/f) viene acompañado de una descarada dedicatoria para una mujer «taruga» que solicitó un cuadro «demasiado correcto». El arte de crear statements en la obra gráfica de Solano no es como sonaría el devaluado acto de crear un statement hoy día. Al contrario: con cada frase que Solano pinta, hay una ácida resignación ante una sociedad tan intolerante como la nuestra.

Manuel Solano, “Sangre y Homosexuales”( 2017)

Manuel Solano, “Sangre y Homosexuales”( 2017)

Quienes hemos seguido la trayectoria de Solano desde su estupendo montaje en el Carrillo Gil[1], pudimos darnos cuenta de dos nuevas operaciones. El agrandamiento de su formato pictórico, y la enfática reinterpretación de los lugares comunes de la pintura occidental. Entrecomillamientos del retrato, de Goya, del paisaje romántico al estilo de Caspar David Friedrich, del abstraccionismo como una «burbuja» incómoda compuesta de mensajes en un chat de Grindr. Todos estos motivos aparecen reformulados, con arriesgadas texturas y materialidades, mas siempre apuntan hacia cuestiones de índole personal. Quizá uno de los factores más emocionantes en la producción de Solano sea el diálogo establecido con la pintura y todas sus posibilidades, el cual, aguzando el oído, ni siquiera se trata de la pintura en sí, sino del yo y sus recovecos.

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Punchis Punchis Punchis Pum Pum Punchis Punchis Punchis de Manuel Solano, Carrillo Gil. 2016

No podían faltar las alusiones textuales a la música pop, aunque no tan insistentes como en el montaje Punchis punchis… Mas, ¡cuán chocante suena decir que son meras alusiones cuando Solano más bien cita canciones que acarrean experiencias no necesariamente agradables! En Camino a Ixtapa (2017), el pintor representa un road trip donde los viajeros cantan al unísono Se quiere, se mata, uno de los primeros hits de Shakira. Como podremos recordar todos los que vivimos ese insípido ‘97, la letra, por más ingeniosa que parezca, no era otra cosa que un edulcorado mensajito de Pro Vida. Sería fácil considerar paródico el juego de reapropiación, y no una muestra de desobediencia. En efecto, cuestionarnos quién obedece a quién es un buen punto de partida al dialogar con la producción de Solano, siempre cambiante, siempre anamórfica y —se agradece— siempre enunciada con franqueza.

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La indagación autobiográfica de Solano no es ni el proyecto racional que muchos creadores hoy día persiguen, ni es la intuición naif que algunos otros, en menor cantidad, defienden. Se diría más bien procesual su impulso autobiográfico; una forma de autoconocimiento gradual de los males que le acechan y nos acechan; un sigiloso y escéptico estudio de la inestabilidad de la construcción contemporánea de las masculinidades, sexualidades y subjetividades, elemento crítico para sus piezas de video.

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En la videoinstalación Male (2017), Solano presenta un collage de sus videos caseros subidos a YouTube con videoclips de cantantes famosos: Bowie, Jackson y Manson. La asociación con estos pop stars no podría ser más significativa. Con un aspecto totalmente andrógino, Manson parecía la versión drag del filme Begotten, y a pesar de ello, curiosamente, había enganchado a miles de millones masculinidades devotas del heavy metal. A través de su persona en escena, Manson nos decía que todos los hombres llegan contrahechos a este mundo. A su lado conviven el mítico personaje de Ziggie Stardust y el rey del pop en un viejo anuncio para Pepsi. Hay un crucial punto en común: estos cantantes empezaron haciendo eso, teatralizaciones de sí para sí en la privacidad de sus habitaciones (o al menos eso cuentan los programas al estilo Behind The Music). Manuel, por su parte, aparece usando una playera de Star Wars, mientras se acomoda un gorro de Jar Jar Jar Binks. Antes que hablar de “cuerpos”, en la línea de algunas odiosas escuelas de estudios de género, conviene preguntarnos nosotros mismos: ¿Por qué yo no puedo ser una superestrella?

La puesta en escena de la seroconversión de Solano, que ha sido consignada a manera de bitácora personal en YouTube, nos devuelve a esa era que la socióloga Paula Sibilia ha descrito como el «festival de las vidas privadas», donde las plataformas web son el escenario idóneo para montar el show del yo. Esta sed de egocentrismo y de descarada vulnerabilidad nos devuelve a otros trabajos visuales, como es el peculiar caso de Amalia Ulman. En un mundo de citas (de citas con sistema Chicago y de citas de Grindr y sus oximorónicas tribus discretas), Solano formula una mordaz poética del descontento.

 

[1] Punchis Punchis Punchis Pum Pum Punchis Punchis Punchis (2016), curada por Guillermo Santamirana.

 


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Período de Documentación 2017-2018. LOS MEDIOS INESTABLES DEL ARTE EN LA HIPÉRBOLE NEOLIBERAL

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About Author

Es Licenciado con mención honorífica en Creación Literaria por el Centro de Cultura Casa Lamm. Candidato a la Maestría en Letras Españolas (2018-1) por la Universidad Nacional Autónoma de México. Formó parte de la tercera edición de la Escuela Crítica de Arte organizada por La Tallera y la Sala de Arte Público Siqueiros. Mención honorífica en la tercera edición del certamen “La crónica como antídoto”, organizado por el CCU Tlatelolco. Su investigación se centra en las escrituras de duelo en Hispanoamérica, así como en las expresiones autobiográficas en España en la década de los setenta.

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