Uno de los temas principales en la obra del filósofo griego Cornelius Castoriadis, es aquel que trata de la potencia creadora de la imaginación del ser humano para formarse a sí mismo, a la sociedad y su pensamiento.

En “Poder, Política, Autonomía”, texto publicado en 1988 en donde aborda el tema mencionado, Castoriadis nos dice que los individuos están hechos por la sociedad y al mismo tiempo éstos la hacen y rehacen, la instituyen: “(…) la sociedad no es más que una mediación de encarnación y de incorporación, fragmentaria y complementaria, de su institución y de sus significaciones imaginarias, por los individuos vivos, que hablan y se mueven.”(1) El también psicoanalista, en el mismo texto, nos comenta que la institución de la sociedad puede ser modificada a través del imaginario radical presente en algunos individuos que la integran, “(…) bajo el imaginario social establecido corre siempre el imaginario radical (…)”.

Lo anterior permite contextualizar la reflexión central de este escrito: en la actualidad y en el pasado inmediato, ¿cuál ha sido y es la postura simbólica que los espacios independientes de arte en el panorama artístico y cultural de la ciudad de Monterrey? ¿Son agentes significativos del imaginario radical capaces de modificar al imaginario social establecido, o reproducen el régimen que los ha producido? Son estas las dos preguntas clave que se pretende contestar, pero antes de esto, es fundamental acotar datos importantes que posibiliten la reflexión propuesta.

El actual imaginario regiomontano y su pensamiento se configuró desde la noción capitalista del bienestar material como sinónimo de progreso y desarrollo -conceptos de una primera modernidad hoy cuestionados-, siendo las grandes empresas de la región las encargadas de proveerlo, permeando en todas las formas de pensamiento y acción social e individual, obligando a relacionar el quehacer cotidiano con la búsqueda del beneficio económico sobre cualquier otro aspecto. En lo referente a la cultura y las artes, las instituciones oficiales, en su mayoría gestadas desde los intereses empresariales, poco han hecho en cuestionar esta idiosincracia; asimismo, las prácticas artísticas en la región, tampoco han contribuido en discutir sobre el discurso hegemónico.

Si nos trasladamos a la década pasada, uno de los grandes hitos para el Monterrey contemporáneo, que le permitiría alcanzar el anhelado estatus de ciudad global, fue el Fórum Universal de las Culturas, celebrado en el 2007; proyecto importado que desde su concepción evidenciaba fisuras conceptuales y operativas. De su legado poco queda, tal vez por ser más un proyecto espectacular que de verdadero diálogo intercultural. A diez años de su realización, el vestigio de su celebración aún se puede percibir en las modificaciones realizadas en el Parque Fundidora, recinto que albergó al evento, y en el conjunto de esculturas monumentales, costosas e inertes, que fueron adquiridas cual maquillaje contra imperfecciones, ubicadas a lo largo de las arterias viales más importantes de la ciudad, una de cada lado del Río Santa Catarina. Todo lo demás se lo llevó el huracán Alex.

Aterrizando el punto de discusión, sería pertinente comentar que el imaginario en cuestión, ha evidenciado un discurso obsoleto, de retórica determinista, poco funcional a las necesidades que se viven en esta segunda década; el desgaste social y ecológico, las deudas financieras, el poco interés histórico y artístico de la región, entre otros temas, son el resultado del pensamiento neoliberal adoptado en el actual proceso de globalización, donde el hiperconsumo rige en la mayoría de los aspectos de la vida humana. El neoliberalismo, nos recuerda José Ramón Fabelo Corzo, “(…) tiende a asumir las relaciones mercantiles como la condición natural de la existencia humana y el único modo de garantizar progreso y prosperidad (…)”, advirtiendo que “(…) cualquier intromisión humana en el funcionamiento del mercado, como no sea aquella que emana de la iniciativa privada buscando beneficios personales, es censurada por el neoliberalismo y considerada causa de males sociales.” Bajo el neoliberalismo, el individualismo, la lucha por la existencia a costa de todos y de todo, el sentimiento de impotencia y conformismo ante el mercado, “(…) se convierten en rasgos consustanciales de la cultura allí donde el mercado es el máximo protagonista de las relaciones sociales.”(2)

Irónicamente, mientras Monterrey festejaba su Fórum Universal de las Culturas, la violencia y el desgaste social se apoderaban de la comunidad; ninguna de las exposiciones artísticas presentadas en tal evento abordaron este agotamiento que comento. “Los Nuevos Leones”, proyecto visualizado para mostrar el arte contemporáneo de la región, terminó por ser tan sólo un almanaque de estéticas y discursos extranjeros regiomontanizados. Le siguió un periodo de aproximadamente cinco años en el que el terror y la desesperación era lo común entre la población de la ciudad. ¿Cómo reaccionaron las instituciones culturales oficiales?: programando y presentando exposiciones y eventos desarticulados de la realidad cotidiana. Además, un éxodo importante de artistas, gestores, académicos, entre otros, terminó por vaciar lo poco ganado en los años anteriores.

Monterrey sigue a la deriva, con la mirada desorbitada y el pulso acelerado; la violencia, que si bien no tan álgida como en el periodo ya comentado, está aún presente. ¿Cómo han reaccionado los agentes del circuito del arte regiomontano? Perpetuando el imaginario obsoleto. Los artistas, aislados o en conjunto, continúan practicando modos y estéticas ya probadas; los hay preocupados por el mercado ante todo, en exhibir en ferias y en galerías insertas en un circuito internacional, con discursos globales. Otros prefieren hablar sobre temas metafísicos o vivencias personales, también están los interesados en la tecnología y sus apariencias, unos tantos activistas y aquellos que ignoran su participación social. En el caso de las instituciones culturales oficiales, públicas o privadas, se configuran como dispositivos empresariales; y las galerías de arte, siguen en la búsqueda de una legitimación, algunas aventurándose en los terrenos de lo alternativo y la independencia, respondiendo a la moda. Además, en el circuito existe una casi nula presencia crítica, de producción teórica y académica sobre el arte, con una escasa oferta educativa, que dificulta la emergencia de un cambio en el imaginario.

Ante este panorama, los espacios independientes de arte se han establecido como otro integrante más del tejido instituido, con una postura lúdica y autocomplaciente, sin crítica, operando con limitaciones, aislados entre sí, inmersos en desidia y conformismo; estos espacios, de tipologías distintas y recursos diversos, estipulan sus acciones de acuerdo a los intereses propios del grupo que los operan. Por tal motivo, al suponer que tienen la habilidad de establecerse como espacios de arte capaces de romper con lo normado e instituir nuevas formas, están obligados a ser las plataformas del imaginario radical desde donde se modifique al instituido, aportando lo debido en la configuración social; dejar atrás el letargo, el autismo auto infligido, las políticas de conveniencia, la competencia negativa e inútil, entre otros aspectos, y articularse como agentes significativos en el retejido de la sociedad, en búsqueda de otros modos que le hagan frente al capitalismo agresivo y sus consecuencias.

Estos agentes del imaginario radical, integrantes de la parte social instituyente, tienen la capacidad de ejercer cambios en el pensamiento colectivo y adoptar múltiples funciones dentro de la sociedad; en el tema de la cultura y el arte, los espacios independientes deberían adoptar esta figura y establecerse como parte fundamental para el cambio de pensamiento, y por lo tanto, de re imaginación. “La sociedad instituida es siempre trabajada por la sociedad instituyente (…)”, nos recuerda Castoriadis en el texto antes mencionado; de no ser así, de no desarrollarse como integrantes de la sociedad instituyente, estos espacios de arte tienen la posibilidad de convertirse en simulaciones, cayendo en la espectacularidad, repitiendo formas ya agotadas.

Es cierto que ninguna institución, ningún sistema de cultura o eticidad puede pretender ser perfecto, pero debe tener la capacidad de ser viable para la vida humana en comunidad. Enrique Dussel, en “El reto actual de la ética: detener el proceso destructivo de la vida”, nos comenta: “(…) gran parte de la humanidad se está quedando fuera de las posibilidades de la reproducción de la vida (…) Estamos a tiempo de parar ese proceso destructor, pero eso supone una actitud que no existe (…)”.(3) Y es aquí donde el imaginario radical instituyente es el adecuado para resignificar posturas que construyan un cambio de actitud y permitan la vida en comunidad, detener el proceso destructor trabajando a partir y sobre lo ya construido, con la ética adecuada; que los espacios independientes de arte sean aquellos agentes capaces de lograrlo.

La urgencia está en el ahora, la sociedad regiomontana necesita un nuevo paradigma de pensamiento, lo manifiesta su paisaje carcomido con altos edificios de cristal, cemento y acero. Es el momento de actuar, de comprender que el siglo XX ya ha terminado, y detener la erosión -metafórica o no- regresando a la comunidad, en donde el individuo sea más importante que los objetos y el dinero, que el ego y la apatía.

Notas bibliográficas:

(1) Texto publicado en Revue de métaphysique et de morale, 1988, No. 1. Consultado en “El Mundo Fragmentado”. Cornelius Castoriadis. Caronte Filosofía. Terramar Ediciones. 2008.

(2) Fabelo Corzo, José Ramón. “Los valores y sus desafíos actuales”. 2009. Educap/EPLA.

(3) Publicado en Fin del capitalismo global. El nuevo proyecto histórico. La Habana: Ciencias Sociales, 2000.


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Reseña.Período de Documentación 2016-2017. MICROECONOMÍAS DEL ARTE

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About Author

Nacido en 1978, actualmente vive y trabaja en Monterrey, México. Maestro en Estética y Arte por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, con el apoyo del Programa Nacional de Posgrados de Calidad, becario CONACYT. Maestro en Tecnologías Digitales Interactivas en la Comunicación Audiovisual, título propio de la Universidad Complutense de Madrid.

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