En mi niñez, dedicaba las tardes a presionar las teclas de un viejo teclado Casio cuya procedencia desconocía. El instrumento sin duda me ofreció horas de solaz e hipnosis ante sus delirantes sonidos. Casi veinte años después, tras ver la serie Lost Portraits de Ricardo Nicolayevsky, he conseguido evocar ese inexplicable don infantil para improvisar piezas cortas.

Filmados entre 1982 y 1985, los retratos de Nicolayevsky sumergen al espectador en un mundo oximorónico en el que su autor pinta con la lente; filma versos, aforismos y juegos de palabras; esculpe a los actores en movimiento (Portrait of Debbie Lee Cohen); musicaliza sus silencios. Se trata, a su vez, de breves piezas sonoras compuestas de pianos preparados, voces operísticas y efectos variados. Así, sus vídeos viven una feliz contradicción en tanto objetos de arte.

My Hand Is Your Mirror

El retratismo que Nicolayevsky desarrolló en este periodo parecía un gesto espontáneo y lúdico sin otra pretensión más que entretener a sus amistades en New York. No obstante, el paso del tiempo ha conseguido que sus metáforas visuales posean un singular atractivo.

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Nicolayevsky escribe e inscribe su yo a través de aquellos a los que filmaba; el retrato era la excusa para adentrarse —y adentrarnos— como un ojo voyeur en la intimidad de los otros. Sin duda, es un desafío para cualquier artista acceder a la intimidad del otro preservando intacta aquella esfera de intimidad y conservando su justa ilusión.

El locus amoenus de sus videos está escenificado por obsesiones de odaliscas punks navegando un mar de chinoiserie y cristalería, de surreales flea markets (Double Portrait of Ximena Cuevas and Ricardo Nicolayevsky), de Narcisos humectados (Portrait of Claudio Martínez) que, sin querer, dialogan con otra serie artística igualmente escondida por varios años: las fotografías homoeróticas de Luis Márquez Romay (serie que con toda razón Olivier Debroise consideró muestra de “hiperesteticismo”).

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En efecto, si debemos leer estas piezas, largo tiempo ignoradas por su creador, desde algún ángulo o clave, debería ser, como su título indica, desde el hallazgo, el desembalaje, el acto mismo de desembaular. Recuperadas largo tiempo después, las piezas de Nicolayevsky danzan triunfales ante el naufragio de otros tantos filmes que no corrieron la misma suerte, filmes que uno tan solo puede soñar con ver algún día.[1]

The Poet Ass A Young Man

Encajonar los videos de Nicolayevsky en un periodo o tradición parece baladí. En efecto, ya para esta época producían activamente los Kuchar o Jonas Mekas, pero a duras penas existen puntos de contacto. Es su atemporalidad la tenue neblina que le confiere mayor misterio a sus escurridizas creaciones. Su pronunciado acento teatral podría remitirnos a piezas performáticas de la época, pero el gusto por lo anacrónico, lo artificioso, lo surreal y la gesticulación infantilizada (Portrait of Mariana Cuevas), más bien nos devuelven a los pequeños teatros que Jean Cocteau montaba en su infancia, tal y como describe en sus memorias: «¡Dios mío, que pocas distracciones había en aquella época! La infancia nos embriagaba con espectáculos ininterrumpidos».[2] La poética de la autorrepresentación en Lost Portraits es simple: déjame representarte como tú te sueñas.

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En medio de un onirismo acechante, Nicolayevksy es el orquestador, pero no queda exento de representarse (Self-Portrait of Ricardo Nicolayevksy). Dado su gusto por el trampantojo, él mismo se grabó grabando, pintando y trepando, viajando, se grabó desgrabado, como si la cámara no estuviera presente. Continuos desdoblamientos que van de la vestimenta a la desnudez, de la elegancia a la desfachatez, de la vulnerabilidad a la displicencia, del disfraz a la máscara, del erotismo a la mofa, del juego de palabras al brote de lirismo que evoca, a momentos, las sensibilidades de escritores intimistas como Denton Welch: «Empecé a dibujarme líneas negras en el rostro y los brazos desnudos. Me resalté todas las venas, hasta encontrarme cubierto por una red, como el esqueleto de una hoja (…) me miré en el espejo (…) Me pareció que tenía un aspecto romántico y aterrador; medio mago, medio personificación del otoño».[3] En conjunto, las piezas arman el rompecabezas de la figura del artista adolescente. Era otoño en Nueva York. El año: 1983.

TV Eros

En 1976 Rosalind Krauss problematizaba la presencia del video en la escena artística norteamericana, heredera de una tradición conceptualista. La llamó la estética del narcicismo. En efecto, algo hay de ello en Lost Portraits: quizá ese afán de «autoencapsulamiento» de la psique y el cuerpo como su propio entorno.[4] «El retrato es una poderosa máquina individualizante», afirma Pedro Azara.[5] Sin embargo, Nicolayevsky consigue dislocar las convenciones del retrato, y más bien plantea collages en los que la mirada se extravía al capturar al retratado, como un ojo barroco que pone especial atención en la multiplicidad y la discontinuidad, extraviado en la producción infinita de imágenes y apariencias.[6] Es la mirada anamórfica que Christine Buci-Glucksmann describe en su ya clásico libro La folie du voir. Si el barroco se fundamenta, además de otros pilares, en la afección, Lost Portraits es una distorsionada galería de imágenes afectivas que acarrean secretos, complicidades, deseos y anhelos; es así como las imágenes que Nicolayevsky aprehendió se sostienen en el tiempo: por sus vínculos afectivos; los videos son cofres que portan recuerdos de viejas amistades en la metrópolis. En los espejismos de estos narcisos de TV se refleja la inagotable —e inevitable— fascinación que el otro ejerce sobre nosotros.

 

[1] John Gianvito, «In Remembrance of Films Lost», Film Quarterly 53 no. 2 (1999-2000): 40.

[2] Jean Cocteau, Retratos para un recuerdo (Barcelona: Parsifal, 1990), 28.

[3] Denton Welch, El primer viaje (Madrid: Celeste Ediciones, 2001), 285.

[4] Rosalind Krauss, «Video: The Aesthetics of Narcissism», October 53 vol. 1 (1976): 53.

[5] Pedro Azara, El ojo y la sombra: Una mirada al retrato en Occidente (Barcelona: Gustavo Gili, 2002), 131.

[6] Christine Buci-Glucksmann, The Madness of Vision: On Baroque Aesthetics (Athens: Ohio University Press, 2013), 5.

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About Author

Es Licenciado con mención honorífica en Creación Literaria por el Centro de Cultura Casa Lamm. Candidato a la Maestría en Letras Españolas (2018-1) por la Universidad Nacional Autónoma de México. Formó parte de la tercera edición de la Escuela Crítica de Arte organizada por La Tallera y la Sala de Arte Público Siqueiros. Mención honorífica en la tercera edición del certamen “La crónica como antídoto”, organizado por el CCU Tlatelolco. Su investigación se centra en las escrituras de duelo en Hispanoamérica, así como en las expresiones autobiográficas en España en la década de los setenta.

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